miércoles, 25 de mayo de 2016

El obrar de Angel Delgado




En la creación de la obra, debe restituirse a la tierra el combate como rasgo y la propia tierra debe ser traída a la presencia y ser usada como aquella que se cierra a sí misma…Este uso de la tierra es un obrar con ella que parece una utilización artesanal del material. De ahí la apariencia de que la creación de obras es también una actividad artesana, cosa que no es jamás. Pero la fijación de la verdad en su figura sigue teniendo siempre algo de uso de la tierra.
M. Heidegger. El origen de la obra de arte



Angel Delgado. Historias paralelas LIII,  2007

Si en el fragmento anterior sustituyéramos la palabra “tierra” por la palabra “mierda” se nos revelaría en el obrar de Angel Delgado un toque irónicamente heideggeriano. Digo “irónicamente” porque las referencias a ese obrar parecerían confirmar el discurso de Heidegger mientras lo sabotean. Angel Delgado permanece en la memoria del arte cubano por su performance La esperanza es lo último que se está perdiendo (1990), durante el cual profanó el periódico Granma (órgano oficial del Partido Comunista de Cuba), durante la inauguración de la muestra “El objeto esculturado”. El objetivo de su acción no era únicamente el de la profanación en sí, sino la creación de un objeto artístico con desechos humanos. Era un gesto que cuestionaba la naturaleza de la obra de arte, introduciendo la naturaleza en el campo de lo artístico, y que se conectaba intuitivamente con ese punto de radical inflexión que fue el accionismo vienés de la década de 1960. Por supuesto que en la acción de Angel Delgado había un reto al poder del Estado, pero también había un reto a las ideas de “arte”, de “objeto” y de “obra”.  De hecho, había un reto a la idea, mientras la materia tenía un nivel de presencia total, y al mismo tiempo parecía impugnarse a la materia -innoble y casi innombrable-, carente ya de contenido y de idea. En la acción de Angel Delgado había ciertamente un obrar, pero no estoy seguro de que el resultado -ese “objeto perdido”, diría Hal Foster- fuera una obra. Si el origen de la obra está en el cuerpo, ya no hay esencia a la que el artista ni la obra deban fidelidad. Pudiera decirse con Heidegger que a la palabra “arte” ya no corresponde nada real. Y sin embargo, ¿hay algo más real que la mierda?